domingo, 11 de septiembre de 2016

El guerrero a la sombra del cerezo, de David B. Gil

Por fin parece que la autoedición empieza a dar resultados serios. Esta novela histórica, la primera del gaditano David B. Gil, sólo disponible en formato electrónico —al módico precio de 2,99€ en amazon (y ha estado más barata)—, es un pedazo de novela que demuestra que se puede prescindir de intermediarios que lo único que hacen es encarecer los libros y forrarse a cuenta de los autores. Fue además finalista del Premio Internacional Fernando Lara en 2012 y ganó el Hislibris de Novela Histórica al mejor autor revelación en 2015. Y todo eso sin pasar por el papel. No es mal currículum para una novela autoeditada...

Como el argumento lo podéis leer en cualquier parte os diré simplemente por qué mola la novela. Son dos historias que discurren en paralelo en el Japón de finales del siglo XVI y comienzos del XVII. Una es una historia de iniciación y venganza, con todo lo que uno espera de una novela de samuráis: guerreros invencibles, senseis cabrones —tipo Pai Mei—, monjes expertos en artes marciales, duelos a muerte, ronines, seppuku, etc., etc. La otra es la historia de un médico atípico, que despierta a la vez admiración y suspicacia por aplicar técnicas aprendidas de los jesuitas, y que se ve envuelto en las intrigas de poder de los clanes feudales. También aquí hay de todo: daimios chungos y astutos, gueishas que «quitan el sentío», ninjas, asesinos, mujeres samurái... Como es de esperar, las dos historias acaban por cruzarse y la novela tiene un final redondo. Son casi 800 páginas de entretenimiento puro.

Además de un argumento que mola, un ritmo perfecto y una tensión mantenida, la novela tiene muy buenos personajes. No sólo los protagonistas, Seizô Ikeda (el vengador) y Ekei Inafune (el médico), o el sensei, Kenzaburô Arima; también los secundarios (de los que hay un buen puñado) están muy trabajados. La única pega (si de verdad lo es) es que yo no pondría la mano en el fuego por el rigor histórico. El marco general parece auténtico; hay unas notas al principio del libro que nos sitúan en el tiempo de la novela (el comienzo del shogunato de Ieyasu Tokugawa, el primer periodo de paz que Japón conoció en muchos siglos). Pero todo lo demás... De todos modos, habiendo katanas de por medio, ¿a quién le importa el rigor histórico?