viernes, 23 de septiembre de 2016

El incendio de Alejandría, de Jean-Pierre Luminet

Hace años leí una novela peculiar, se llamaba El tesoro de Kepler y su autor, Jean-Pierre Luminet, aparte de ser un reconocido astrofísico, es novelista y divulgador científico. La novela me gustó mucho y aunque no recuerdo muchos detalles de la misma, pues la habré leído hace unos 6 o 7 años atrás, lo que si recuerdo es haberla disfrutado. Así pues, me puse a buscar otras del autor y para sorpresa descubrí que había al menos dos más disponibles (de hecho hay cuatro). Una era El enigma de Copérnico, la primera novela de la serie titulada Los constructores del Cielo y dedicada a los grandes protagonistas de la Revolución Científica: Nicolás Copérnico, Tycho Brahe, Johann Kepler, Galileo, Isaac Newton, sin duda gigantes de la ciencia. La otra novela, escrita unos años antes, es de la que nos ocupamos en esta entrada y es sin ninguna duda la precursora de la serie antes mencionada.

El incendio de Alejadría cuenta, de forma novelada, los días previos a la quema de la famosa biblioteca de Alejandría por Amr ibn al-As, general del califa Omar Abú Hafsa ibn al-Jattab, segundo sucesor de Mahoma, en el año 642. La quema de la Biblioteca por los árabes ha sido tema de polémica (hay muchos candidatos a este cuestionable honor, César, los cristianos, etc.) y de lo único que sirve aquí es de pretexto al autor para contarnos la vida de algunos de los grandes sabios de la Antigüedad cuyas obras se atesoraban en la Biblioteca. La sinopsis es la siguiente: cuando en general  Amr toma a Alejandría y se acerca a la Biblioteca se encuentra con Juan Filopon, responsable de la misma, quien intenta convencerle, con la ayuda de su joven ayudante Rhazes (inspirado en el médico judío Rhazes o Al-Razi que vivió en el siglo IX) y de Hipatia, su sobrina (que recuerda a la gran matemática alejandrina martirizada por los cristianos en el 415), de que no destruya ese templo del saber.

El libro está contado por estos cuatro protagonistas. Filopon, Rhazes e Hipatia le van contado las maravillas que se guardan en la Biblioteca y el Museo aderezadas con la vida sus autores, algunos de los principales sabios de la antiguedad, mientras que Amr reflexiona e intenta ligarse a Hipatia. Por el libro desfilan las historias de Tolomeo I Soter, fundador de la Biblioteca, quien llama a Demetrio, Euclides, Aristarco, Eratóstenes, Arquímedes, Tolomeo (no el rey, sino el astrónomo, el autor del Almagesto), Galeno, entre otros muchos. Por supuesto que también aparecen los cristianos y la tremenda historia de Hipatia (la real). Cada uno le va contando la historia de lo que mejor se le da: historia y gramática el viejo Filopon, de medicina y religión el joven Rhazes y de matemáticas y astronomía la bella Hypatia, quien además flirtea con el general a ver si... La escritura es amena y directa, recuerda mucho las historias «sherezadianas» de Las mil y una noches.

Al final está claro que pasa lo inevitable, un convencido Amr no es capaz de convencer al califa Omar, quien le considera un traidor, y que le ordena destruir la Biblioteca. Vale la pena reproducir parte de la carta de Omar (curiosamente en la Wikipedia se menciona un trozo de la misma citando ciertas fuentes bibliográficas) que seguramente le sonaran a más de uno, pues argumentos similares han servido a dictadores y fanáticos para destruir todo aquello en lo que no creen:
Por lo que se refiere a los libros de los que me hablas en tu última carta, éstas son mis órdenes: si su contenido está de acuerdo con el libro de Alá, podemos prescindir de ellos puesto que, en ese caso, el Corán es más que suficiente. Si, por el contrario, contienen algo distinto de lo que el Misericordioso dijo al Profeta, no hay necesidad alguna de conservarlos. Actúa, y destrúyelos todos.
En el último capítulo del libro Luminet no cuenta el destino de nuestros protagonistas que no revelaré, aunque sí conviene decir un par de cosas. La primera es que en el Epílogo Luminet nos allana el camino y nos prepara para la irrupción de Nicolas Copérnico —el heredero de Aristarco de Samos— en la historia de la Ciencia y a quien está dedicada la primera novela de la serie antes mencionada. La segunda, y que es de agradecer, nos aclara a grandes rasgos que hechos son ficticios, o dónde se tomó algunas libertades, pues tal y como dice Luminet:
Tan dudosa realidad histórica deja cierta libertad al novelista... ¡Libertad que he aprovechado ampliamente! 
Concluyendo, el libro es tremendamente ameno, instructivo y encima se lee en un plis plas. ¿A qué esperáis?